
Me desperté, era un día muy lindo, era viernes, tenía que apresurarme a arreglarme por que no tardaba en llegar mi novio por mí para traerme a la universidad, me metí a bañar y el agua estaba fría, me vestí y me arregle. Eran ya 6:30 y llego mi novio por mí.
Salí y me subí al coche, lo bese y arranco, me llevo al colegio. Cuando llegue y vi a Rafael y a Daniel afuera de la puerta, estaban fumando, yo no podía fumar así que me adelante al salón, la maestra ya había llegado, así que le envíe un mensaje a Rafa para que ya se metieran.
La maestra me comento de la tarea, tarea que no termine.
El día transcurrió como cualquier otro, una clase y otra y otra… el tiempo era muy lento y a mi me urgía salir del colegio, quería ver de nuevo a Cesar era inevitable no sentirme ansiosa, lo amaba.
Ya eran las dos y como siempre salí con mis amigos, teníamos que hacer un video y mi galán estaba por llegar, me apure y me fui sin despedirme de ellos.
Aun inconscientes de mi, salí y el estaba ahí como siempre en el auto frente a la puerta de la universidad. Me subí y lo bese, le dije que lo amaba y que quería ir al cine después de ir a comprar la ropita.
Íbamos hacia plaza, estaba el siga para nosotros y un estupido se paso el alto, el golpe me lo dio a mi, justo en la puerta, el cinturón no sirvió de mucho. El chico del otro auto se bajo a discutir y mi novio pensaba hacer lo mismo hasta que vio lo mismo que yo.
Recuerdo que me subieron a la camilla y a la ambulancia después, me tomaron los signos y ni siquiera preguntaron si me encontraba bien, ya era muy notorio mi dolor. En el hospital me revisaron y me hicieron unos análisis, yo deje de llorar y me quede ausente. Solo veía las enfermeras pasar, a los doctores halar y ya sabia que era lo que pasaba, aunque nadie se tomo la molestia de decírmelo, de comprobármelo.
Después de un rato mi novio entro, tenía los ojos rojos, sin duda había estado llorando, lo mire y asintió con la cabeza. En ese momento me sentí sola, desprotegida, sin razón de ser. Pensé: “Tal vez no era el momento”, Llore pero esta vez no de dolor sino de vacío y coraje, ya no había nada dentro de mi, esas dos cositas que me hicieron tan feliz casi tres meses desaparecieron como el humo que sale de un cigarro.
El doctor me dijo que me podía ir a casa, que me cuidara y me dio unos medicamentos y una dieta. Salí de pie enojada, no quise sentirme inútil con una silla de ruedas. Me llevo a mi casa, no podía decir nada no estaban, están enterados de esto. Me encerré en mi cuarto todo el fin de semana, el jamás regreso y ellos ya no estaban.
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