
Estaba justo en la cornisa del piso 13, si mirada fija observaba pasar los carros y a las personas que pasaban sin tener conocimiento de lo que por su cabeza pasaba. Giro su rostro y vio que él estaba ahí, extendiéndole la mano como ayuda. Sus ojos lo vieron fijamente y una lágrima rodó por su mejilla y con un tono casi inaudible dijo “siempre te amé y tú me dejaste, ahora es mi turno” y se dejó caer al precipicio.
Mientras caía vio pasar corazones, cada uno de ellos le mostró los momentos más felices de su vida un gran suspiro la hizo ver que volaba. Sin ningún rumbo en específico paseo por la ciudad viendo en cada casa a chicos besándose y a oros tanto diciéndose palabras absurdas y sin sentido que los hacía sentirse tan bien.
No comprendía como para algunas personas el amor lo era todo mientras que para ella era como encontrarse a un cochino comiendo gusanos en la copa de un árbol.
Ese mundo era desconocido a sus ojos, pero tan familiar a la realidad que veía cada día que no dejo que el miedo la invadiera. Regreso al piso 13 y Diego seguía ahí, la esperaba con un llanto inconsolable, ella lo observo, suspiro y sin más ni más se empezó a reír. Un tanto desconcertado la observo y la tomo entre sus brazos, en ese instante empezaron a llover corazones enormes y pequeños.
Dulce lo tomo por los hombros y lo empujo, los corazones se empezaron a romper, sus ojos estaban inundados, sus labios temblaban y sus piernas dejaron de tener fuerza y cayó al suelo. Tomo cada corazón roto entre sus puños se levantó y se le fue a los golpes a su novio. Las lágrimas salieron de sus ojos tal cual si fuera un rió que se desemboca por culpa de las lluvias.
Miro a su alrededor y no encontró más que espejos, seca y sin ningún rastro de lo que había sucedido. Aquel rostro que le mostraban esos grandes espejos no era el que ella conocía, tenía algo más, algo especial. Era ella, relajada, tranquila, sin miedo con grandes ganas de amar. De volar de vivir.
Su tranquilidad la llevo a cerrar los ojos y así comenzar a imaginar que s encontraba junto a la torre Eiffel entre un tumulto de gente. Las voces causaron curiosidad en ella y abrió los ojos. Estaba justo ahí. Las emociones la llevaron a ver, escuchar y a sentir todo pero sin percatarse de nada.
Una mano sobre su hombro la asusto. Su cuerpo dio un ligero salto y volteo a ver quién era. En cuanto vio quien era se empezó a reír, no creía que ahí junto a ella estuviera Bob esponja con un enorme casco con agua. Su ceja se levantó y sin dar tanto rodeos al asunto le dijo “Ok, ya estas aquí. Ahora es cuestión de que lo imagines para que exista. Este es tu sueño.”
Mar, eso pensó, y una agua callo sobre ella. “ya levantate o vas a llegar tarde”. Un sueño solo eso.
Mientras caía vio pasar corazones, cada uno de ellos le mostró los momentos más felices de su vida un gran suspiro la hizo ver que volaba. Sin ningún rumbo en específico paseo por la ciudad viendo en cada casa a chicos besándose y a oros tanto diciéndose palabras absurdas y sin sentido que los hacía sentirse tan bien.
No comprendía como para algunas personas el amor lo era todo mientras que para ella era como encontrarse a un cochino comiendo gusanos en la copa de un árbol.
Ese mundo era desconocido a sus ojos, pero tan familiar a la realidad que veía cada día que no dejo que el miedo la invadiera. Regreso al piso 13 y Diego seguía ahí, la esperaba con un llanto inconsolable, ella lo observo, suspiro y sin más ni más se empezó a reír. Un tanto desconcertado la observo y la tomo entre sus brazos, en ese instante empezaron a llover corazones enormes y pequeños.
Dulce lo tomo por los hombros y lo empujo, los corazones se empezaron a romper, sus ojos estaban inundados, sus labios temblaban y sus piernas dejaron de tener fuerza y cayó al suelo. Tomo cada corazón roto entre sus puños se levantó y se le fue a los golpes a su novio. Las lágrimas salieron de sus ojos tal cual si fuera un rió que se desemboca por culpa de las lluvias.
Miro a su alrededor y no encontró más que espejos, seca y sin ningún rastro de lo que había sucedido. Aquel rostro que le mostraban esos grandes espejos no era el que ella conocía, tenía algo más, algo especial. Era ella, relajada, tranquila, sin miedo con grandes ganas de amar. De volar de vivir.
Su tranquilidad la llevo a cerrar los ojos y así comenzar a imaginar que s encontraba junto a la torre Eiffel entre un tumulto de gente. Las voces causaron curiosidad en ella y abrió los ojos. Estaba justo ahí. Las emociones la llevaron a ver, escuchar y a sentir todo pero sin percatarse de nada.
Una mano sobre su hombro la asusto. Su cuerpo dio un ligero salto y volteo a ver quién era. En cuanto vio quien era se empezó a reír, no creía que ahí junto a ella estuviera Bob esponja con un enorme casco con agua. Su ceja se levantó y sin dar tanto rodeos al asunto le dijo “Ok, ya estas aquí. Ahora es cuestión de que lo imagines para que exista. Este es tu sueño.”
Mar, eso pensó, y una agua callo sobre ella. “ya levantate o vas a llegar tarde”. Un sueño solo eso.
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